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En los umbrales del Siglo XXI,
la maternidad y las actividades intra-hogareñas
parecen haberse constituido en obstáculos para
la realización personal. Las mujeres estamos
cada vez más dispuestas a abandonar el mundo
íntimo para lanzarnos al mundo público
y "ser alguien reconocida". Pero un buen
día nos pasa a las mujeres hiperactivas que
-sin darnos cuenta- nace un primer hijo. O un segundo
o un tercero. Y comprendemos que "lo público"
es materialmente visible, pero en medio de un dolor
de panza del bebé, esa identidad desaparece
junto con el sentido profundo que tenía hasta
entonces.
A través de estas páginas pretendo acercar
las vivencias genuinas, primitivas e innombrables
del Universo insondable de cada madre reciente. Experiencias
confusas, incomprensibles, exageradas, locas, pero
terriblemente reales que nos sujetan a la oscuridad
de la noche con el niño en brazos. Es tanto
el dolor y la soledad, que anhelamos con ambivalencia
retornar a la vorágine de actividad, de ruido
y de éxito. Aún así, sabemos
que estamos atrapadas entre las almohadas con la ropa
manchada de vómitos y un cansancio infinito.
Sin embargo, averiguar de dónde venimos y sospechar
hacia donde vamos, hablar sin tapujos sobre lo que
nos pasa de verdad, bucear en nuestras capacidades
intuitivas rescatando lo esencial del mundo femenino,
integrar el adentro con el afuera... nos puede servir
para tratarnos un poco mejor, y por ende, tratar mejor
al niño que llega al mundo.
Es mi deseo que cada mujer que deviene madre, camine
su propio laberinto interior y vaya encontrando su
verdadera naturaleza, su propia música, y sus
propios instrumentos. También me gustaría
hacerles saber que en esta orquesta, estamos todas.
Laura Gutman
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