El oficio de detectives

 

Estoy evaluando cambiar el nombre de mi escuela: creo que en poco tiempo se llamará “Escuela de Detectives”. Porque pretendo enseñar cómo encontrar huellas fehacientes que den cuenta de la realidad del territorio emocional de los individuos. Estamos tan acostumbrados a tener interpretaciones para cada cosa, que esta propuesta es sumamente compleja. Sobre todo porque cada uno de nosotros carga con una mochila de discursos engañados y una lente empañada por el guión de nuestro propio personaje. Pero si no aprendemos a mirar lo que hay sin agregar nuestros juicios…nunca arribaremos a la verdad.

La realidad es la realidad. Cada escenario propone ciertas escenas que pueden jugarse y desecha otras que sería imposible que se plasmen. Para ello, tenemos que escuchar poco. Entiendo que este oficio de investigar en las vidas emocionales de las personas preguntando poco y ordenando mucho, requiere entrenamiento y una alta cuota de intuición. También es necesario acceder al conocimiento de muchas, muchísimas instancias de la vida humana. Sería óptimo que los profesionales hayamos atravesado por diversas experiencias personales en el amor y el desamor, que hayamos traspasado fronteras culturales, ideológicas y morales, que hayamos interactuado en diferentes ámbitos y que seamos abiertos y permeables. Porque los individuos que consultan pueden ser muy diferentes a nosotros y tenemos que ser capaces de comprender las lógicas de esos escenarios completos aunque no tengan nada que ver con nuestra idiosincrasia o nuestra manera de vivir. Nuestra tarea se basa en encontrar el hilo dentro de una probada cronología con un sentido lógico, percibiendo la totalidad de un individuo incluyendo su pasado, su presente y su probable futuro, en un permanente movimiento de “zoom”. Observemos que si escucháramos todo aquello que el consultante dice, no podríamos acceder al panorama real. La realidad debe gobernar.

¿Las personas cambian después de atravesar un proceso de construcción de su biografía humana? No siempre. Tampoco nos compete. ¿Qué pasa si el consultante se encuentra con algo que no le gusta de sí mismo? No pasa nada. Es adulto. Puede interesarse en esta nueva mirada sobre sí mismo que le acerca parte de su verdad interior, o puede no querer tocar estos aspectos.  ¿Qué más tenemos que hacer los detectives? Terminar nuestra tarea sin pretender que nadie haga lo que nosotros consideramos positivo, saludable o beneficioso.

 

Laura Gutman