El puerperio

 

Para reflexionar sobre el puerperio es preciso abordar situaciones que no son ni tan físicas, ni tan visibles, ni tan concretas, pero no por eso son menos reales. En definitiva se trata de lo invisible, del submundo femenino, de lo oculto, de lo que está más allá de nuestro control, más allá de la razón para la mente lógica. Para hablar del puerperio, tendremos que inventar palabras u otorgarles un significado trascendental. Es oportuno considerar el período puerperal como un tránsito que dura entre dos y tres años, mientras nuestro campo emocional está compartido fusionalmente con el campo emocional del bebé. Es un tiempo en el que esa díada constituida entre nosotras y nuestro bebe navega un mar con sus propias leyes: lentas, silenciosas, curvas, íntimas y misteriosas. Durante este proceso el mundo concreto nos queda lejos. Esta experiencia puede traer consigo alteraciones precipitadas de la conciencia, abriendo un canal de percepciones extrañas que resultan innombrables para quienes nos hemos convertido en madres. De hecho después del parto, invariablemente las mujeres lloramos desconsoladas preguntándonos “¿quién soy?”, “¿qué me pasa?” y “¿qué he hecho yo para merecer esto?”. La certeza de haber enloquecido para siempre es mayor en la medida en que anteriormente nos hayamos identificado con aspectos relativos a la acción y la eficacia en nuestro desempeño cotidiano. Esto es especialmente sorprendente en las mujeres ordenadas, activas, cumplidoras, puntuales, exitosas y pensantes.  Para colmo, en la medida que hayamos previsto y organizado con anticipación el funcionamiento del futuro vínculo con el hipotético bebé, el desconcierto es francamente aterrador. Sobre todo en los casos en que participamos seriamente en una preparación racional para el parto, seguimos puntillosamente todos los ejercicios, el parto en sí resultó medianamente satisfactorio y todo hacía suponer que la presencia del bebé continuaría con un desarrollo previsible. El problema para las madres recientes es aprender a sumergirnos simultáneamente en la inmensidad de nuestro campo emocional para luego emerger al mundo concreto (trabajo, dinero, preocupaciones cotidianas) y regresar una vez más al ritmo susurrante del bebe, en una danza para la que no tenemos entrenamiento. Mundo racional y mundo sutil. Mujer emprendedora y madre paciente. Acción y espera. Decisión y leche. El puerperio puede ser enloquecedor o puede ser una bendición. Depende si estamos dispuestas a sumergirnos en las aguas de nuestro yo desconocido. Y si buscamos sostén para la travesía.

Laura Gutman