Entrevista en Diario Clarín: “Cuando tenés hijos ya no es más ‘para vos’: es para el otro”

Biógrafa. Cree no haber sido una beba desamparada y dice que “nació” a los 13 años. Tuvo un exilio duro. Y al volver inventó una profesión: acompaña a la gente a encontrar la sombra.

 

“El papa Francisco me encanta. ¡Siento una afinidad con ese hombre! Igual, cómo me gustaría charlar con él y decirle por ejemplo: cuando en Río habló de mirar las dos puntas, habló de la juventud y de los ancianos. No Francisco, las dos puntas son los niños y los ancianos. Miremos y amemos a los niños, y por supuesto a los ancianos”, rectifica Laura Gutman (55), que nació en el Once y pasó su infancia en Caballito, Rivadavia al 5800. Con abuelos venidos de Rusia, Polonia y Ucrania, hija de un vendedor de seguros y una cosmetóloga, se crió con dos hermanos en una familia judía ilustrada, psicoanalizada, pero “sin vacaciones, sin auto y sin televisor” . Fue “una nena de departamento” a la que le gustaba bailar y dibujar, que no hacía deporte, y que iba a la escuela pública a la mañana (en Carabobo y Alberdi) y a la judía a la tarde (Scholem Aleijem). Hasta que llegó la secundaria en el Nacional Buenos Aires: “Tengo la sensación de que yo nací a los 13 años. Tuve mi primer novio, sangré por primera vez, mis papás se separaron, empecé a leer Marx y a hacerme preguntas existenciales”.

Al toque nomás, a los 14, la mandaron al analista ( “hasta cuatro veces por semana” ) y empezó a militar en la izquierda “para salvar al mundo”. A los 15, cuando ya escuchaba a Lennon, descubrió la macrobiótica y el budismo; y se cansó de la represión de 1971/2 en el Buenos Aires y se pasó al Normal 4 de Parque Rivadavia (ahí hizo 4° y 5°). Encima, a los 16, rompió con el judaísmo “para siempre” . Ya militante bien activa, a los 17 se enamoró “perdidamente” de un ex Carlos Pellegrini de 20. La ilusión abortó al año: a él lo desaparecieron en septiembre del 76.

“Me quería morir. Quería ir a una comisaría a entregarme, y si me daban la seguridad de que a él lo soltaban, que me mataran a mí”.

Quebrada, a sugerencia de su mamá huyó a Italia a ver a su hermana mayor y ahí arrancó un exilio de 12 años, del que recuerda el rigor “del frío y el hambre” en París, y rescata los amigos de todo el mundo y haber aprendido a “mirar desde afuera de los escenarios” . En una síntesis esquelética, ese exilio equivale a: dos hijos con un psicólogo bahiano (un matrimonio fugaz y previo con un francés), feminismo a full(pero en los congresos proponía que la maternidad –no la píldora– era“la mayor libertad de las mujeres” ), media Italia a dedo, dibujos para ganarse el pan en el Ponte Vecchio de Florencia (más limpieza de casas, cuidado de chicos y trabajo de secretaria de traductores en la Unesco), militancia por los partos respetados y también contra la dictadura (recibió a las primeras Madres de Plaza de Mayo antes del Mundial 78), astrología, todo tipo de terapias alternativas, y un título enCiencias de la Educación en la Universidad París 8. Volvió en el 88, con marido que pronto regresó a París y la dejó sola con los hijos de ambos. Acá también cuidó chicos y fue secretaria de un gimnasio. A los 32 años conoció a su tercer esposo y de un departamentito en Barrio Norte pasó a una casona en Vicente López, donde inició su profesión. Empezó con los “grupos de crianza” , armó en los 90 una escuela de formación, y hoy es referencia internacional en vínculos familiares. Escribió 10 libros: el nuevo se llama “La biografía humana”.

¿Qué es la biografía humana?

Un sistema terapéutico de indagación personal, que pretende acompañar al individuo a entrar en contacto con su propia sombra, es decir, con el lado de sí mismo que no conoce.

¿Cómo acompañan?

Tratamos de evaluar toda la historia del individuo tomando con especial atención la infancia, el desamparo que ese niño vivió aunque no tenga registro consciente. Al armar el escenario de esa infancia, vamos a determinar cuál fue su personaje de supervivencia a ese desamparo. Y vamos a ver cómo sale al mundo con ese disfraz, cómo va a armar nuevos escenarios de adulto, y cómo obliga a las otras personas a funcionar según el escenario que organizó.

Una mirada profunda y real.

La “biografía” intenta mirar un escenario real, para que cada individuo pueda mirar desde afuera del escenario, como el relator de un partido. Al tener acceso a una realidad más completa, puede decidir si cuando se meta en la cancha de nuevo va a patear para el mismo lado o para otro.

¿La “biografía” es para ponerte en el lugar del otro?

Claro, para el prójimo. Es para dar.

¿Que significa dar para vos?

Amor. Amar es dar, dar es amar.

Definime el desamparo del bebé.

Las expectativas de un bebé cuando llega al mundo son encontrarse con un ámbito lo más parecido posible a lo que vivió durante 9 meses en el útero de su madre: contacto corporal, nutrición, alimento, calor, disponibilidad, caricias y amor permanentes. Cuanto más alta sea la distancia entre lo que el niño espera y lo que vive, más desamparo hay.

¿Fuiste una beba desamparada?

Creo que no. Mi mamá fue una persona muy intuitiva con los tres.

¿Por que a los padres les resulta difícil el altruismo con sus hijos?

Porque estamos nutriéndonos nosotros, porque estamos hambrientos desde la primera infancia. Así se transmite generacionalmente la violencia.

¿Qué cambia cuando tenés hijos?

Todo. Porque ya no es más “para vos”: es para el otro.

¿Actuaste algún “personaje”?

Sí. El exilio marcó mucho mi vida. Y tenía la sensación de que nadie sufría más que yo. Con el tiempo me empecé a decir a mí misma:dejate de joder . Yo siempre era la que más trabajo, la que más sufro, la que más me esfuerzo…

Es algo que no sé si fui abandonando. Porque me parece que soy el monumento al trabajo.

¿Un fracaso favorito?

Ese era otro de mis personajes: siempre contaba todos mis fracasos, como si a la única que las cosas le iban mal era a mí. Por ejemplo: siempre me quejé de que a mí-nunca-nadie-me propuso-un laburo. Nadie. Por eso me tuve que inventar una profesión.

¿Algo de lo que te arrepentís?

Me arrepiente haber sido demasiado servicial en muchas situaciones y haber tenido siempre que pagar precios (a veces afectivos) altos. Porque tengo una cosa interna de no merecimiento. Siempre creo que tengo que trabajar y esforzarme mucho para obtener algo. Y tengo una sensación de que siempre es mucho esfuerzo para recibir muy poquito.

¿Qué te alegra?

Mis hijos.

¿Y qué te enoja?

La ineptitud.

¿Dónde ponés tu mirada?

En el futuro.

¿O en el trabajo?

Van enganchados. Porque yo sé hacia dónde voy. Lo que quiero es seguir haciendo esto más eficaz, más fácil, más abierto, más claro y directo, para que más personas tengan más conciencia de su sí mismo. Y a más horizontes, más países y más idiomas.

Plotearon los colectivos con tu foto por el libro…

No tengo un ego muy grande. Yo, mi vida, me importa tres pitos. Me importan mis hijos. Ellos son absolutamente prioritarios.

¿Qué es un hijo?

La materialización del amor. Y es el futuro, también.

 

POR LUIS SARTORI Para Diario Clarín