Hijos de madres adictas al trabajo

 

Cualquier adicción supone que hay una sustancia, una persona, una relación o una actividad que necesitamos introducir con urgencia, caso contrario la vivencia interna es insoportable. Es fácil reconocerlo cuando somos adictos al cigarrillo, al alcohol o a los psicofármacos. De alguna manera hemos organizado nuestra vida cotidiana otorgando prioridad a ese momento o a esa sustancia que nos satisface. Estoy hablando de prioridad. Es decir hay algo que está primero en la lista. ¿Está bien o está mal? No tiene ninguna importancia. ¿Cómo hemos llegado a este punto? Es una historia antigua que se remonta a nuestras experiencias infantiles habitualmente rodeadas de soledad, desamparo, miedos, distancia afectiva o dolor. Es muy probable que desde entonces, hayamos decidido alimentarnos a nosotras mismas a falta de cariño materno. Entonces incorporábamos lo que sea: azúcar, gaseosas, jueguitos electrónicos,  televisión, más tarde alcohol, café, compras compulsivas, cigarrillos o psicofármacos. Así fuimos descubriendo que eso nos calmaba. Que nos daba identidad. O un grupo de pertenencia. Luego desplegamos nuestra vocación o tuvimos oportunidades laborales y nos hemos dedicado a trabajar mucho. Hasta ahí, las cuentas dan bien. Al final el trabajo -además de adrenalina y dinero- nos ofrece visibilidad, valoración social, pertenencia, beneficios, intereses, crecimiento, futuro, viajes o aventuras. Ya no podemos vivir sin él. ¿Cuál es la parte de la que no podemos prescindir? La que nos nutre a nosotras.

Supongamos que un día tenemos un hijo. O dos. O tres. Resulta que los niños nacen totalmente dependientes de cuidados maternos. Y nosotras somos las madres que les han tocado, aún dependientes de aquellos cuidados que no hemos recibido en el pasado. Tenemos tanto hambre afectivo que precisamos desesperadamente aferrarnos a lo que sea. Por ejemplo a nuestro trabajo. ¿Qué va a pasar? Vamos a luchar por un poco de comida emocional. Sí, las madres versus los niños pequeños. Los niños dirán que quieren mamá y las mamás diremos que queremos trabajo. ¿Quién va a ganar esta batalla? Nosotras, las mujeres adultas. ¿Cuál es el problema? Desde nuestro punto de vista, ninguno. Desde el punto de vista del niño…ese es otro cantar.

 

Laura Gutman