Cómo una crianza amorosa puede salvar a la humanidad

Hace mucho tiempo que nuestra civilización perdió el eje respecto a la naturaleza de los seres humanos. Generamos violencia, maltrato, guerras, enfermedades y malestar. La buena noticia es que los cambios para crear un contexto amoroso y solidario dependen de cada uno de nosotros.

¿Qué podemos hacer? Se trata de reanudar el camino original, volver a la raíz. Y las raíces de los seres humanos somos los niños. Tanto los niños reales como los niños que nosotros hemos sido. Una civilización respetuosa y beneficiosa para todos debería ser niñocéntrica: organizada según las necesidades de los más pequeños.

Es relativamente sencillo. Se trata de estar, en todas las áreas, al servicio de los niños y no al revés. Adaptarnos a todo aquello que el niño manifiesta o reclama en lugar de pretender que los niños se adapten a la comodidad de los adultos.

Bajo este concepto básico, Laura Gutman aborda desde varios ámbitos, la distancia entre las necesidades de la criatura humana y lo que recibimos: la manera tecnológica de nacer, la alimentación desnaturalizada, los cuidados médicos alejados de la ecología, la escuela como un sitio obsoleto al que los niños no queremos ir, la adolescencia sufriente y reprimida, la violencia y las dificultades para comprendernos. Al mismo tiempo plantea opciones posibles para volver al origen.