Navidad y consumo responsable

Si descuidamos el sentido primordial de estas celebraciones, que pretenden rendir tributo al mensaje amoroso que hemos recibido de Jesús, nos vamos a desorientar.

Es imprescindible que volvamos a la fuente y recuperemos la armonía interior, confiando en la bondad y el amor.

Pero si nos abrumamos comprando hasta el hartazgo objetos que en breve caerán en desuso, regalos que los niños no necesitan y que los adultos tampoco necesitamos, perderemos el rumbo.

¿Qué podemos hacer en caso que deseemos “bajarnos del tren” del consumo? ¿Es posible organizar una celebración diferente sin ser juzgados por los demás? ¿Qué pasa si los niños se frustran porque sus amigos han recibido regalos más importantes? ¿Qué hacemos con la exagerada abundancia de comida y bebida?

Podemos establecer algunas prioridades: que las celebraciones sean un lugar de encuentro para la armonía familiar, la sensatez y el encuentro afectuoso. Que los niños sean tenidos en cuenta, respetando sus ritmos de sueño, hambre y bienestar. Que la comida y la bebida disponibles sean ofrecidas con discernimiento y en cantidades lógicas, para que se constituyan en una caricia para el alma en lugar de convertirse en sustancias tóxicas que nos enfermen. Si estas premisas son importantes para nosotros,  y si constatamos que volvemos a nuestro equilibrio en un ambiente de paz y armonía… entonces ¿qué importa si alguien nos juzga?. No estamos imponiendo nada a nadie, solo estamos reservándonos el derecho de celebrar bajo un consumo responsable y sin estrés. ¿Qué importa si otros niños han recibido más regalos? Tal vez nuestros niños estén reconfortados porque nos sienten cerca.

Pensémoslo con las manos en el corazón. ¿Cuál es el significado que tienen estas fiestas para cada uno de nosotros? Si para algunos no implican nada…pues entonces no tiene sentido atiborrarnos de objetos ni de ruido. Si representan la ocasión para ver a familiares y amigos, entonces arrimémonos a ellos con delicadeza y amor. Y si simbolizan un período trascendente, entonces descansemos cantando alabanzas y gloria a la fuente de toda vida.

 

Laura Gutman