Responsables del devenir de la humanidad

Aunque la mayoría de los individuos nos manejamos -en el área emocional- desde el punto de vista ciego del niño herido que hemos sido, hago un llamado al flanco más maduro que podamos rescatar de nosotros mismos y a la  disposición para observar, ordenar y asumir la realidad afectiva de la que provenimos, para luego poder tomar decisiones de acercamiento al diseño original del ser humano y contribuir a tomar las riendas para regresar a una civilización más amable, amorosa, altruista y ecológica.

A lo largo de los años he desarrollado un sistema de indagación, que denominé la biografía humana –ya descrita en otros textos- que es una hoja de ruta posible y que pretende limpiar las interpretaciones y opiniones diversas, y -sin juicios de valor- nos permita abordar la realidad real, siempre desde el punto de vista del niño que hemos sido. Con tanta cultura, tanto lenguaje, tanta ideología filosófica y psicológica que ha inundado nuestra comprensión intelectual… intento despejar al máximo y observar a los seres humanos tal cual llegamos al mundo. Solo comparo la realidad cotidiana con el diseño original. Los adultos ya estamos adaptados…en cambio, la infancia es ese período de tiempo en el que intentamos con toda nuestra fuerza vital, ser quienes somos…hasta que los adultos terminan por acallarnos.

¿Empezamos por el huevo o la gallina? Propongo empezar por la gallina, que solemos ser las madres. ¿Por qué? Porque el huevo es el niño recién nacido, que depende de nuestros recursos como madres y de la capacidad que despleguemos para entrar en fusión emocional de manera intuitiva con el niño tal cual nace. Y sobre todo, hacerle caso. Porque –si nos llevamos las manos al corazón- reconoceremos que todas las madres sentimos al niño, ya que el fenómeno de fusión emocional también hace parte del diseño original de la hembra que ha dado a luz. De hecho, las mujeres creemos enloquecer durante el puerperio como consecuencia de la intensidad emocional que compartimos con nuestras criaturas. Por lo tanto, es real que sentimos al niño. El problema es que no damos crédito a eso que sentimos. Y  para colmo, desmerecemos eso que el niño –bajo diferentes formas- nos dice.

Este es el motivo por el cual sostengo que es imprescindible que las mujeres que hemos devenido madres, nos hagamos responsables del devenir de la humanidad. Porque solo entregándonos al equilibrio y a la alineación perfecta de cada pequeño ser que llega al mundo, podremos regresar al centro del amor, para lo cual hemos sido creados.

 

Laura Gutman