Una buena noticia

La biografía humana intenta ordenar con un sentido lógico y en un encastre fino todas las vivencias de un individuo desde la experiencia del alma infantil. Mientras no contemos con el propio criterio personal, la vida es peligrosa. No hay modo de defendernos de los depredadores si no somos capaces de registrarlos.

Una buena noticia es que a veces las mujeres sin registro interno contamos con una nueva oportunidad si tenemos la gracia de convertirnos en madres. ¿Cómo? Confiando plena y absolutamente en las necesidades, demandas y manifestaciones del niño pequeño quien llega a este mundo libre de desequilibrios y mandatos. Nace limpio. Nace original según el diseño de la especie humana. Nace puro.

Las mujeres tenemos ahí una oportunidad única. Sólo tenemos que saber que no somos confiables con respecto a nosotras mismas, porque somos consecuencia del desamparo de nuestras madres que fueron víctimas de la crueldad de las abuelas quienes a su vez fueron víctimas de horrores aún más horrorosos de las bisabuelas. Sin embargo, nace un nuevo niño que puede quedar apartado de estos encadenamientos de desamor. Si pudiéramos tomar la decisión de hacerle caso al niño y beber de su sabiduría innata y usar sólo el criterio del niño, podríamos reparar años de violencia inhumana.

¿Cómo lo haríamos? Respondiendo milimétricamente a lo que el niño reclama. No hay peligro porque nadie pide lo que no necesita. El niño no va a demandar nada que no surja del fondo de su ser. Simplemente, tendremos que ponernos en sus manos y responder, aprendiendo y confiando en el sentido común del niño.

¿Cómo podemos, los varones adultos, recuperar el criterio personal cuando hemos sido criados, cuando fuimos niños, por una madre desconectada? Lo ideal es que -en la actualidad- apoyemos a nuestras mujeres para que ellas confíen en nuestros hijos pequeños. Esos niños serán nuestros guías.

(extracto del libro “Qué nos pasó cuando fuimos niños y qué hicimos con eso”)

Laura Gutman